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Los investigadores del MUJA y la paleontóloga Marta S. Fernández publican un artículo sobre los ictiosaurios recuperados de la costa asturiana en “Paleontologia Electronica”


20/08/2018.- Los investigadores del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), Laura Piñuela y José Carlos García-Ramos, y la paleontóloga Marta S. Fernández publican un artículo sobre los ictiosaurios recuperados de la costa asturiana en la revista especializada Palaeontologia Electronica.

Desde 2005, como resultado de la prospección paleontológica de las costas asturianas, el equipo científico del Museo del Jurásico de Asturias ha recuperado los restos fosilizados de al menos 8 ejemplares de ictiosaurios jurásicos con una edad en torno a los 190 millones de años en los acantilados de Gijón, Villaviciosa, Colunga y Ribadesella. Entre estos ejemplares destacan un individuo adulto (el ejemplar de ictiosaurio más completo de toda la Península Ibérica) y dos juveniles (uno de ellos perinatal).

Los fósiles de Leptonectes de esta antigüedad son extremadamente escasos a nivel mundial dado que solo se ha descubierto un ejemplar en Suiza y dos más en el sur de Inglaterra.  Los hallazgos realizados por el equipo científico del MUJA son una clara evidencia del gran potencial fosilífero y del enorme valor patrimonial de todo el litoral jurásico comprendido entre Gijón y Ribadesella.

El ejemplar fósil de ictiosaurio más completo de la Península Ibérico encontrado hasta el momento fue localizado por Laura Piñuela el 15 de julio de 2010 en la ensenada de La Conejera, situada en los acantilados al este de la playa de Rodiles, y actualmente se puede observar en la Sala de Introducción al Jurásico Asturiano en el Museo.

ictiosaurio-en-muja

La actual roca que engloba los huesos (una marga gris oscura) forma parte de un conjunto conocido como Formación Rodiles, perteneciente al Jurásico Inferior. Investigaciones recientes basadas en ammonites, cefalópodos parientes de los calamares y sepias actuales, permiten determinar con bastante precisión la edad del ictiosaurio asturiano en torno a los 190 millones de años, dentro del periodo que se conoce como Pliensbachiense. El registro fósil de ictiosaurios de esta edad es extremadamente escaso a nivel mundial, lo que resalta la importancia del hallazgo.

El sedimento original donde quedó enterrado el reptil constituía el fondo fangoso y pobre en oxígeno de una plataforma marina muy extensa con una profundidad inferior a 100 metros, que cubría durante la primera mitad del Jurásico el actual territorio asturiano.

Se han podido reconocer en este ejemplar:

- 60 vértebras, de las cuales 35 corresponden a la zona comprendida entre el cráneo y la base de la aleta caudal.

- 55 dientes dispersos cónicos y puntiagudos.

- Algunos huesos de la parte inferior y posterior del cráneo.

- Los coracoides.

- Diversos huesos de una de las extremidades anteriores (aletas), como el húmero, la ulna (equivalente a nuestro cúbito) y el radio, así como otros de pequeño tamaño correspondientes a los dedos.

Las formas del húmero y de los dientes permitieron determinar el género al que pertenece el ictiosaurio de Villaviciosa (Leptonectes).

Un estudio comparativo de los tamaños del material óseo recuperado en Asturias con el de otros ejemplares de Leptonectes permitió además determinar la longitud aproximada del reptil asturiano que estaría en torno a los 3 metros.

En el mismo yacimiento se han recuperado también dos dientes de tiburón y teniendo en cuenta por otra parte que el ejemplar aparece completamente desarticulado y no muestra evidencias de haber sido desplazado por las corrientes del fondo marino de aquella época, lo más probable es que haya sido objeto de depredación por estos voraces peces. No parece descartable que a este proceso de desmembramiento del ejemplar haya contribuido además un reventón del mismo en la superficie como consecuencia de la acumulación de gases de descomposición generadas por las vísceras del cadáver, lo que permitiría su flotación post-mortem, previa a su hundimiento final y rápido enterramiento en los fangos oscuros del fondo marino.

Los ictiosaurios fueron reptiles que dominaron los mares y océanos de todo el mundo cuando los dinosaurios poblaban los continentes. Su historia evolutiva comenzó hace 252 millones de años y culminó hace aproximadamente 94 millones de años. Durante estos 158 millones de años, los ictiosaurios evolucionaron y modificaron sus esqueletos hasta transformarlos en formas semejantes a las de un pez. Tenían un cuerpo alargado y el extremo distal de su columna vertebral estaba flexionado ventralmente para sostener una aleta caudal en forma de media luna. Sus extremidades no las utilizaban para la propulsión y/o sostén del cuerpo, sino que estaban transformadas en aletas que estabilizaban y direccionaban la natación. La propulsión y la forma de desplazarse en el agua de los ictiosaurios eran muy semejantes a las de los actuales atunes.

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Ilustración de ictiosaurios realizada por Arturo de Miguel.

 

Otra característica muy particular de estos animales era que, a diferencia de la mayoría de los reptiles, no ponían huevos sino que las hembras parían crías vivas. Sus ojos eran de gran tamaño (llegando en algunos casos a los 20 cm de diámetro) lo que les permitía una excelente visión aún en aguas turbias o profundas con poca luz.

 

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